Hay pocas cosas que gusten más que las historias bien contadas

Esas que se acompañan de voces que transportan con las emociones, de lenguaje corporal que sustenta lo que dicen las palabras, y sobre todo, de la construcción de la historia como tal… donde tenemos un inicio de impacto, un desarrollo sostenido, un final transformador… y sobre todo detalles que al consultarlos suenan complementarios, como los accesorios bien escogidos en un atuendo de mujer.

Muchas veces confundimos una buena historia, por simplemente contar cronológicamente, punto por punto nuestro cuento. 

En mi opinión, nada que ver con esa realidad. Una historia se encuentra en una buena cena, cuando comienzas por un aperitivo, un excelete plato fuerte, un postre con café; una buena historia se encuentra en un viaje cuyas paradas se van dando de manera puntual pero satisfactoriamente mientras disfrutas el camino. Entonces, el valor de una historia está tanto en tu capacidad de crear y mantener el interés, como de al final, dejar a los demás con una enseñanza que les acompañe para el resto de sus vidas.

 

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